Faja de las Flores en Ordesa. Sábado 31 de octubre 2009

 GRANDIOSA PRESIDENTA

La hemos acabado nueve, los mismos que nos hemos encontrado en la gasolinera y es cierto que para Chus, Sandra, Fernando, Carlos, Jesús, José Luis, Gonzalo y los dos Antonios el día tenía mala pinta, por encapotado y porque a nuestra presidenta le disgustaba su escaso poder de convocatoria. Pero la primera sorpresa agradable ha sido recorrer la recién asfaltada carretera de Jánovas. La segunda, con las primeras luces, los colores otoñales del valle del Ara.
A las ocho en la Pradera de Ordesa y a ganar mil metros de desnivel. Casi en las Clavijas de Carriata el organismo de Fernando no ha acompañado sus intenciones y se ha bajado a meditar al aparcamiento. El resto hemos atacado el paso de las clavijas sin demasiados aspavientos
Mejor no mirar abajo. Mejor agarrarse bien. Veis qué fácil.
No lo son, pero pronto han quedado olvidadas por lo que se anunciaba como una gran aventura. Hemos hecho avituallamiento en la entrada de la Faja. Algunos ojos veíamos un panorama muuuuy peligroso, estrecho, elevado. En ese momento el humor, la gracia de nuestra presidenta nos ha animado. -”nada, illos, ezto mi lo hize yo sola con los ojos vendaos y de espaldas. No asustarse, mi tropa.”. Y ciertamente un paseante solitario venía en sentido contrario y nos ha descrito el paseo como impresionante pero seguro. La única nieve, la que veíamos. Pasados los diez primeros metros de yuyu, es cierto que el panorama del vértigo mejoraba mucho. Y el mundo, ahora con sol, se convertía a nuestros ojos en un escenario que solo pueden llevar a palabras los poetas, a cine, a fotografía, los maestros. Grandioso, soberbio, sobrecogedor no alcanzan a la maravilla que se abre delante y debajo. Un horizonte lejano con las siluetas de Oroel a un lado, la Peña, Sestrales, a otro. Las Proas de Ordesa parecen los Titanic de los dioses saliendo de la montaña, la luz que deslumbra no es capaz de bajar hasta la pradera y se queda en las verticales paredes, elevadísimas, que nos sustentan. No es la intención emular a los poetas, así que tal vez sea más descriptivo el humor:
“Si me suena el móvil se me cae la oreja.”
“Ese quebrantahuesos que vuela ahí abajo es agudo. Si se nos ha de comer a alguno tiene el trabajo hecho”
Las Clavijas de Cotatuero, la última dificultad, las descendíamos a eso de la una. La presidenta y su consorte han proporcionado algún arnés y otra vez, confianza. El bocadillo bajo el estruendo de la Cascada de Cotatuero, a solo un cómodo descenso, bajo el hayedo, de la jarra de cerveza, sabía a gloria.
Que lo sepáis: os hemos echado de menos como Armando Manzanero a su novia.
 
Antonio Chéliz
 
Seguidamente enlace a álbum fotos Picasa del reportaje fotográfico de la excursión de Toño Puyuelo: