HICIMOS UNA ETAPA DE LA RUTA URBECIANA, ENTRE LAGUARTA Y ERMITA DE SAN ÚRBEZ EN CERÉSOLA. SÁBADO 15 DE MARZO

Salimos a las 7:00 de Ainsa cinco socios del CAS. En Boltaña, a las 7:10 recogemos a siete socios del Nabaín. Hasta 18 que salimos de Laguarta faltaban cuatro que venían de Huesca y Ceresola, y dos se unieron en Laguarta.

Precioso atardecer en Aínsa al finalizar la jornada urbeciana. Daniel Quero

El objetivo hoy es hacer otra de las etapas de la “ruta urbeciana” que recientemente ha sido presentada en dos publicaciones, tras recuperar el camino que los romeros de Albella hacían para solicitar el agua al santo de las aguas: San Urbez, bien a la cueva de Sastral en Añisclo, bien al santuario de Nocito. Además se hace una pequeña derivación por tierras del Serrablo para conocer las Galochetas de San Urbez, y la cueva-ermita de Ceresola.
Precisamente esta parte del camino es la que hemos querido hacer hoy.

Los 18 "romeros" de Laguarta. Padre de Carlota.

Al final, a las 8:00 de la mañana, 18 personas iniciamos la marcha “larga” para llegar a Aineto, donde se nos unirán más montañeros que harán la “corta”, y acabar todos conjuntamente en la ermita de Ceresola.

Desde Laguarta, cogemos la carretera en dirección Lanave unas pocas docenas de metros, para enseguida coger el camino viejo a Secorún, que a partir de aquí se desvincula del trazado asfaltado.

Los muros laterales, los enrollados del camino, los campos ahora yermos, el monte apropiándose de nuevo de terrenos que fueron usados hasta hace pocas décadas serán hoy una tónica en nuestro deambular por tierras de la “Guarguera”.

Impresionante trazado del camino y como se mantiene de bien. JML

Un poco más adelante volvemos a salir a la carretera, para de nuevo seguirla unos metros, y ya abandonarla definitivamente hasta el final de la excursión.
Al dejarla por segunda vez, ya bajamos a cruzar el Guarga por una palanca de reciente construcción que nos evita mojarnos los pies.

Grupo pasando puente sobre el Guarga alto. JML

 

Otra foto del puente. Josan Juste

 

Mismo puente a contraluz. JML

Enseguida, en ligera subida llegaremos a Secorún, donde una parada nos permite visitar lo poco que queda del pueblo y que podría resumirse en la espectacular imagen de la torre de la iglesia, aguantando, o aguantada, por la hiedra.

Iglesia de Secorún. JML

 

Todavía se mantiene su cruz latina. Manolo Hernández.

 

Breve descanso en Secorún. Daniel Quero.
 

Desde Secorún, camino viejo que llevaba a Azpe y Abellada, que seguimos hasta el “Paso de San Urbez”, donde el camino de Azpe seguía por el lomo de la sierra, dirección sur, y nosotros proseguimos por el de Abellada, para entrar en término de Aineto.

 

Ana Ruiz junto al "caxico de Arialla" en el paso de San Úrbez. JML

 

Dejamos a nuestra izquierda el camino “romero” que llevaba a Abellada, por el lomo de la sierra contigua, al oeste, del de Azpe, y proseguimos por el trazado de una antigua trocha (a veces retomando el camino antiguo de Aineto al molino Escartín), hasta llegar a Aineto.

Nuestro guía Oscar, comandando grupo, en un trozo de camino que aún se mantiene. JML

Antes, como es natural, hemos almorzado, pero ya muy cerca de Aineto, para que el grupo que se nos une no espere demasiado nuestra llegada, muy a pesar de los intentos de sublevación por parte de algunos cabecillas que querían parar mucho antes a almorzar.
Al final se almuerza en un sitio adecuado, y poco antes de las 12:00 ambos grupos nos hemos reunido, y ahora ya somos 33 montañeros, incluidos cuatro jóvenes de alrededor de los diez años, que aportan frescura al grupo.
Además, hay que decir, que se pusieron en cabeza, bajo el control férreo, eso sí, de no ser perdidos de vista, para ir llevándonos por el buen camino.

Los 15 "romeros de Aineto, junto a su iglesia. JML

 

Pastor con su rebaño en Aineto. JML

 

Aineto con casa Escartín e Iglesia, desde el camino. JML

 

Torre de Aineto con el tozal de Guara de fondo. JML

 

Aún queda un poco de nieve en algunas zonas de sombra

Pasamos poco después de Aineto bajo la Pardina de Santa María de Pérula, y cruzamos el barranco Ricau, buen afluente de la orográfica izquierda del Guarga, que ya pone a algunos en apuros para no mojarse.

Pasando el barranco Ricau. JML

 

Un nuevo barranco. JML

Sin más novedad, acometemos una nueva pequeña subida (la enésima del día, porque aunque no haya grandes desniveles, es prácticamente una sucesión de toboganes, agradables pero exigentes al final), para pasar junto a una antiguas saleras de ganado, y que bajo la Pardina de Guardia, inexistente en edificio, pero todavía viva en la memoria y la toponimia, nos introduce en el extraño mundo del barranco Cuatre.

La subida hasta aquí nos ha empezado a transportar a este mundo perdido que estamos. La soledad es llamativa incluso después de un día solitario en general. Aquí se acentúa. Los barrancos, los tozales, los solanos, parece que son vistos solo muy de vez en cuando. Parece como si casi nadie los “molestara”. Casi agradecen la visita da la impresión. Sitios acostumbrados a un uso y trasiego secular mucho más marcado que el actual es como si añoraran alguna visita humana ocasional.

En una ligera y rápida bajada, llegamos a las “Galochetas de San Urbez” (supuestas huellas del santo en su posición de pastor que cogen el nombre de las galochas, antiguo calzado formado por una simple suela de madera, cogida al pie con cintas de cuero o material vegetal, que posiblemente se uso en casi todas las montañas del norte de España como mínimo).
Las huellas se sitúan en un lugar mágico, desolado pero acogedor. Apartado pero familiar. Mucho de los allí presente apreciamos como había algo en el ambiente. Líquenes por todas partes, silencio, paz…apenas rotas por nuestros comentarios, que giran sobre todo en el sitio que para comer nos espera pocos metros más debajo de donde estamos, en la confluencia del barranco Cuatre con otro pequeño afluente que cede sus aguas, poco antes de que éste, a su vez, las ceda al Guarga.

La comida, tranquila, entre sol y sombra, con el bullicio alegre y sosegado del agua, nos permite el descanso suficiente para hacer la última subida del día, antes de pasar a la zona de “paco”, de “pocino”, de umbría, que en agradeble y sombrío descenso nos deja en el cauce del río Guarga.

Después de la comida. Foto de Begoña Campo y el vino de Óscar Ballarín.

La última sorpresa del día no podía faltar, y menos en las excursiones que organiza según quien…o sea, que a remangarse, porque esta vez no hay puente, y aún cruzando por un sitio ancho y de aguas tranquilas, los 50 cm de altura de agua no nos impiden remojarnos hasta encima de las rodillas a todos.

Hubo que descalzarse y remangarse para pasar el Guarga. JML.

 

A calzarse de nuevo para terminar la ruta. JML
 

Los niños tuvieron algo de ayuda, y curiosamente fueron los que menos se remojaron. Seguro que ellos cuando crezcan harán lo mismo con los niños que entonces los acompañen. Pero claro, para eso habrá que impedir que los caminos se cierren del todo, porque sino no habrá quien transite por el barranco Ricau, o Cuatre, o la Pardina de Santa María, o Secorún, o el paso de San Urbez…

Oscar de "pontonero". JML


Tras cruzar el río llegamos a la carretera, la cual seguiremos unos 20 minutos, muy adecuados por cierto, para secar las perneras de los pantalones, que por mucho que los hemos remangado se han acabado mojando, hasta el desvío de Ceresola.
Aquí nos vendrán a buscar con el autobús, para ir a recoger los coches, tanto los de la “corta”, al Molino Escartín, como los de la “larga” en Laguarta.

Pero antes no podemos dejar de visitar la ermita de San Urbez de Ceresola, máxime cuando una amiga de la casa Juan Domingo, propietaria de dicha ermita, nos ha acompañado toda la travesía desde Laguarta.
La ermita es un sitio cercano, pero desconocido para la gran mayoría de la gente. Prácticamente nadie de los que estamos la conocían, por lo que la sorpresa es mayúscula, cuando descubren un sitio tan cercano, y a la vez tan espectacular.
El comentario general es de sorpresa ante algo tan bonito.
Hay que agradecer que la familia “JuanDomingo” siempre tengan la ermita abierta para que todos podamos disfrutarla. Es responsabilidad de todos nosotros, por tanto, que todo quede, como poco, igual que lo encontremos, pero si podemos dejarlo mejor, pues excelente.

Ermita de Cerésola. Manolo Hernández

 

Interior de la ermita. Manolo Hernández

 

Bajo la roca. Manolo Hernández

 

Foto de la ermita en blanco y negro. Óscar Ballarín.

A las 17:00, puntuales como todo el día, el bus nos recoge, nos reparte por los coches, y todavía algunos entramos al alberge de Laguarta, para tomar un trago (al que por cierto, invita José Ramón Monclús por su reciente cumpleaños, muchas gracias amigo), y ver la interesante visita a la iglesia que nos brindan los amigos que de Laguarta nos han acompañado en la ruta (gracias Carlota y Pedro por las explicaciones).

Buen día, buena travesía, buen ambiente, y el guía contento con la respuesta del grupo y con haber enseñado algunos rincones perdidos y poco conocidos.

Oscar Ballarín

Unos 22 kilómetros recorridos desde Laguarta y un desnivel acumulado de ascenso de unos 800 metros.

Enlace a las fotos de José María Lafuerza:
https://plus.google.com/photos/106086681884713509415/albums/5991337449987219953/5991337476427862082?pid=5991337476427862082&oid=106086681884713509415
 

Idem, a las de Manolo Hernández:
https://picasaweb.google.com/110702639598968686535/ExcursionLaguartaSanUrbezDeCeresola?authkey=Gv1sRgCITGwaeNi62uTg&feat=email