SE SUBIÓ AL PICO LUSTOU (3.023 metros). FRANCIA. SÁBADO 11 DE AGOSTO DE 2.012

Foto de grupo en la cima. Sandra Buetas

Poco más de las 6:00h del sábado 11 de agosto. 18 expedicionarios de los clubes CAS (Club Atlético Sobrarbe), de L’Aínsa, y Nabaín, de Boltaña, partimos en coches desde L’Aínsa hacia nuestro objetivo montañero del día: el Pic de Lustou (3.023m). Como está ubicado en la cara norte de los Pirineos, en territorio francés, en el área de Saint Lary, albergábamos la esperanza de que allí no hubiera llegado la ola de calor que en este lado sur elevaba el termómetro a casi 20 grados a esas primeras horas de la mañana. Inaudito.

Atravesamos el túnel de Bielsa y al otro lado seguíamos casi sin nubes. ¿Tendremos también mucho calor aquí?. Descendemos por la carretera que recorre la Vallée de la Gela hasta cerca de Saint Lary, donde se toma un desvío a la derecha hacia la Vallée de Rioumajou, nuestro destino para iniciar la caminata. Enseguida dejamos atrás la aldea de Tramezaigues y nos adentramos en Rioumajou, un valle angosto e increíblemente frondoso (en la cara norte lo pagan con abundantes lluvias y nieblas, pero tienen una vegetación exultante, casi insultante), una sinfonía de riscos, congostos, abetos majestuosos, musgos infinitos, cauces invisibles por tantas hojas, ramas y troncos que casi también tapan el cielo cuando miras hacia arriba.
Tras 8 kilómetros de precipicios y verde vertical, el valle se abre y surgen unas hermosas praderas jalonadas de majestuosas coníferas, atravesadas por un río bravo. Allí están las Granjas de Fredançon, lugar de recreo dotado con diferentes servicios y donde dejamos los vehículos: termina el asfalto y la pista la cierra una valla.
Hacia las 8:00h iniciamos la caminata. No hace excesivo calor, pero en ese paraje debería hacer más fresco a esas horas, estamos a 1.380 metros de altitud. Cruzamos el puente sobre el río Rioumajou y echamos a andar por la pista. En unos 25 minutos llegamos a otro puente, éste sobre el río Peguére, que no cruzamos porque debemos tomar un sendero que sale por la izquierda (a la vuelta descubrimos que cruzando el puente y siguiendo por la pista, poco después hay un puente de madera que cruza el río y conduce también al sendero hacia el pico Lustou).
El camino cruza el caudaloso barranco de Pierre y se adentra de inmediato en una zona como de cuento. Praderas salpicadas de enormes abetos y pinos. Silencio verde, reposado y majestuoso, sólo roto por los gorjeos de los pajaretes y por nuestros pasos. La caravana de montañeros atravesamos impresionados este paraje idílico, cuya ruta se va empinando y ganamos altura rápidamente. El sendero es diáfano y discurre paralelo al barranco. Dejamos atrás el bosque más tupido y el camino se aproxima al cauce, que hacia la izquierda muestra una imagen espectacular: una sucesión de cascadas a modo de tobogán gigante, formando una larga línea de espuma que se desliza esculpiendo unas empinadas y lisas laderas de roca gris. Precioso.
El camino torna en ese punto hacia la derecha y sus rampas se hacen más duras. Ganamos altura hasta el punto donde se divisan los estragos de un tremendo alud que en su día ‘afeitó’ un bosque. Sólo un árbol solitario y seco, seguramente muerto de tristeza por la soledad, resistió el tremendo embate de la nieve. Sus compañeros son sólo un amasijo de troncos y ramas rotos y esparcidos por el fondo de la vaguada.
Son cerca de las 9:00h. El camino y los hitos nos llevan hacia el barranco de la Piarre, que confluye poco más abajo con el de la cascada-tobogán. Lo cruzamos hacia su margen derecha e iniciamos la ascensión por una fuerte pendiente de praderas, que nos conduce en poco más de quince minutos a la pequeña cabaña de Thou, un refugio de pastores difícilmente perceptible desde la lejanía porque su techo es una cubierta vegetal de hierba y arbustos. Son poco las 9:10h y nos encontramos a algo más de 2.000 metros de altura. Breve parada-refrigerio en la fuente bajo la cabaña.
Reiniciamos la ascensión por praderas de mucha pendiente. Hacia la derecha, los Culfreda nos observan majestuosos. El Lustou todavía no asoma. En poco más de una hora accedemos a una loma donde termina la fuerte pendiente y desde donde ya se divisa nuestro objetivo. Estamos a unos 2.500 metros. Hacemos otra breve parada y arrancamos hacia la izquierda, por una zona de cantales y piedra suelta para dirigirnos hacia la cresta desde donde atacaremos la cima. Puede accederse por una zona con senda marcada por hitos que discurre por la ladera del pico, pero es menos atractiva, está más encerrada. Por la parte de la cresta el camino es algo menos cómodo pero al otro lado se divisa el ibón de Lustou, su valle del mismo nombre y una amplia vista hacia todos los puntos cardinales. Se camina más a gusto por allí.
La ruta avanza entre rocas y tartera por debajo de la cresta cimera. Cuando llegamos por encima de la cota 2.700 son casi las 11h. El sol no ha dejado de acompañarnos y por momentos parecía que llegaban los aires hirvientes del sur. Pero ha sido sólo un amago y el tiempo es agradable en medio de la inhóspita pirámide de piedras desordenadas. Hacemos una nueva parada y diez minutos después continuamos por el sendero y los hitos que siguen marcados a la derecha de la cresta. El trayecto por este cantal no es cómodo y además es muy empinado. En 40-45 minutos llegamos a un rellano donde hay una pequeña construcción de piedras habilitada para un vivac. Estamos ya por encima de los 2.900 metros y ya sólo queda el ataque final a la cima. Son las 11:45h. Buen ritmo, buen ánimo y muchas ganas de llegar.
Una parte de los expedicionarios deja las mochilas allí para avanzar más cómodamente por la cresta que se afila y se empina todavía más. La zona obliga a frecuentes trepadas por rocas con muchas presas, pero con zonas aéreas de cierto riesgo. Hay mucha piedra suelta y hay que avanzar con cuidado. Los precipicios a uno y otro lado de la cresta impresionan. Todavía no son las 12:00h cuando alcanzamos la cima del Lustou (3.023 metros). Aparecen en lontananza unas boiras amenazantes que ocultan algún pico. Pero pronto se disipan y la vista es magnífica. Hacia el Este, el valle de La Pez y justo en frente el afilado Bachimala. Detrás suyo el majestuoso Llardana (Posets), la cresta de los Espadas y algo más a la derecha, los Eristes. Seguimos girando la vista hacia la derecha, hacia el Sur. A dos pasos, los Culfredas, detrás suyo, puntas Suelsa y Fulsa, muy al fondo Pic de Long y más atrás Cobachimosa (Vignemale); más a la derecha (Suroeste) Treserols en lontananza y por delante, Robiñera, La Munia y Tremouse presidiendo el circo de Barrosa. Seguimos girando, hacia el Oeste: Neouvielle y Midi de Bigorre. Más giro todavía, hacia el Norte: pic de Thou y Estos. Impresionante.
Tras un buen rato disfrutando de la cima, descendemos al rellano donde dejamos las mochilas. Almorzamos tranquilamente mientras en el cielo se van juntando nubes que nos echarán cuatro gotetas en la bajada. Varias rapaces vigilan nuestro reposo y el de un grupo de ovejas que pasta en la vaguada más próxima, cientos de metros allá abajo.
Poco antes de las 13:00h iniciamos el duro descenso. Hacia las 16:30h estamos en la pradera de los coches. Llevamos unas ocho horas y media por la montaña, con cerca de 8 horas de caminata efectiva (unas 4 horas y 20 minutos de subida y unas 3 horas y media de bajada), con un desnivel de 1.650 metros. No está nada mal. Por eso algunos estamos bastante reventados.
A la vuelta, parada en el casino de Lafortunada para echar un futbolín y unas paladas en el frontón, pero el primero ha desaparecido y de lo segundo nos olvidamos porque la ola de calor ha llegado hasta allí y no apetece menearse. Nos conformamos con las cervezas y refrescos. Otra vez será. De todas formas, nadie nos quita ya la magnífica jornada montañera, vivida de nuevo con gente excelente. Pura delicia pese al agotamiento.   
 
José Joaquín Berdún
 
Algunas fotos efectuadas por Enrique Navarro: