El año 2019 ya estaba programado en esta cima, que con sus  2.971 mts es uno de esos picos que sin ser “tresmiles” tiene suficiente entidad como para considerarse una cima obligada para el conocimiento de nuestra comarca, y por extensión de todo el pirineo oscense.

Además, como curiosidad, decir que representa el punto culminante del municipio de Tella-Sín, que junto al de Gistaín comparten hüega en la misma punta.

El año pasado se suspendió por tormentas…que finalmente se cumplieron e hicieron de dicha suspensión una decisión acertada. Este año, a principios de la semana que íbamos a hacer el vivac también parecía que iba a ser la opción, pues para ese sábado daban bastante probabilidad, y además de manera mantenida.

Pero cualquiera que lleva un tiempo mirando las previsiones, sabrá que más allá de dos o tres días, raro es que las previsiones de lluvia y tormenta acierten, o el menos con la fiabilidad necesaria para tomar la decisión de hacer o no una actividad de este tipo antes de hora.

Es por ello que siempre esperamos hasta dos o tres días antes, en este caso el jueves para decidirlo. Y el jueves, las previsiones eran bien distintas que el lunes, y la probabilidad era mucho menor, las cantidades también…y además daban el riesgo máximo para la franja horaria entre las 17:00 y las 20:00. Con todo esto decidimos ir adelante, contando que además teníamos un refugio de urgencia a 10 minutos de la cima, en forma de cueva bajo una cornisa que desciende casi desde la punta en dirección a Verdemené.

Diez personas, socios del Cas y Nabaín,  eran las que decidimos subir a pasar la noche en la cima, porteando todo lo necesario para subir, pernoctar, participar en el afamado (y ya casi clásico) concurso de tapas, que hacía su IV edición. Mucho peso, pero también muchas ganas e ilusión hacen que quedemos a las 9:00 en Ainsa, y a las 10:00 en Plan, ya con la furgoneta que nos acercará hasta la cabaña de Pardinas, en plena cara sur del macizo. Mascarillas y precaución, al menos en este espacio confinado que es la furgoneta.

Concentración con mascarillas en Plan

A las 11:30, empezamos a andar, con paso suave, entre las numerosas vacas que allí pasan el verano, intentando acostumbrarnos a un peso que no es el habitual.

El grupo de los ibones de Barleto, también de nuestros clubs, más numeroso y madrugador ya deben estar por los ibones, pero esperamos poder contactar con ellos, aunque sea visualmente.

Mientras subimos, nos llama la atención un helicóptero que por el barranco que reúne las aguas de Barleto y el Cau en dirección al Cinca sube hasta casi la cima de Suelza. Para, baja por donde ha subido y vuelve a subir al poco rato…así hasta tres o cuatro veces. No sabemos que será ni si hay algún rescate u obra.

Hacemos alguna parada, el calor no aprieta pese a la hora, por la altura y por numerosas nubes que cuanto más arriba más hacen del sol un objeto casi deseado. Cuando llegamos a uno de las numerosos cerros herbosos que anteceden a la zona pedregosa que anuncia la inminente cima, justo debajo de la niebla que encierra misteriosamente punta Suelza, vemos el objeto del  incómodo helicóptero: un grupo de unos 15 o 20 ciclistas que han sido subidos hasta aquí por ese medio para realizar un descenso por toda esta zona. Opiniones para todos los gustos entre nuestro grupo, pero casi todos coincidentes en que no tenemos ninguna envidia por cuanto lo que para nosotros representa poder estar, no sólo pasando una noche en un sitio privilegiado, sino el poder estar horas en una cima, dejando vagar la vista por mil rincones siempre insospechados a la primera ojeada, y sobre todo la sensación de paz y bienestar de una tarde en altura entre amigos. Más después de la que estamos saliendo.

Poco antes hemos podido vernos con el grupo del Ibón, que ya de vuelta se han asomado de manera colorida al punto sobre el ibón, no muy lejos de nuestro itinerario de ascenso, desde el que hemos podido saludarnos en la distancia.

Foto de los diez montañeros/as, realizada por M.Hernández del grupo de los ibones

Nosotros, seguimos en ascenso, ya metidos en la niebla, por lo que con un desvío de unos 20 metros vamos a inspeccionar las condiciones de la cueva, y de paso hacer la parada de la comida allí. Es la una y media. La niebla, la bruchina, el frío hacen del sitio un lugar inhóspito, que sin embargo, caso de tormenta en la cima se tornará en lujoso y seguro refugio.

Cuando el frio, ya tras comer, y permanecer allí casi dos horas nos empieza a entumecer, decidimos arrear cara arriba, para plantarnos en la misma punta en poco más de un cuarto de hora desde la cueva.

Ya en la cima

Más de lo mismo. Niebla, fresco…pero un poco menos de aire, y breves ralladas de sol en algún espacio que las nubes despistadas nos dejan disfrutar. Y en esos momentos la temperatura sube de golpe, el aire se afloja y se está realmente bien. Por si fuera poco, tenemos la suerte de poder disfrutar, dado el juego de luces y nieblas del fenómeno óptico llamado “espectro de Brocken”, no muy usual, y que algunos hemos tenido la suerte de ver unas pocas, contadas ocasiones, y para otros es la primera vez. Un lujo y una suerte, preámbulo sin duda del no menos espectacular “concurso de tapas”.

A las 19:00 se da comienzo al concurso, empezando los preparativos. Las tapas se agrupan en algunas individuales, otras por parejas, hay quien acaba antes y ayuda a otro…tres infiernillos se oyen soplar con fuerza, friendo, calentando. El nivel, si otros años ha sido alto, este año es altísimo.

Tapas presentadas al concurso

Cuando ya están todas prestas, un total de ocho, a razón de seis individuales y dos de dos parejas, se presentan…y a concursar. Sus vinos, puestos a refrescar en el nevero que tenemos en cima, según demanda. Su maridaje con blanco fresco, o rosado, el tinto para las más potentes…hay que estar allí para verlo y para vivirlo.

Este año, dejaremos, de la misma manera que votamos al acabar la actividad la puntuación de las tapas, el resultado para el final de la crónica.

Tras las tapas, los cuerpos, satisfechos, pero fríos quieren la comodidad del saco, pero a pesar de la niebla inmisericorde con nosotros, la luz todavía se intuye y es poco más de las 21:00, con lo que apuramos las esperanzas de poder ver un atardecer que finalmente no llega. Solo la creciente oscuridad nos obliga a dar frontales y meternos en los diversos vivacs que hemos hecho para poder dormir individuales o en pequeños grupos (algunos de por si convivientes) que nos hemos preparado antes de las tapas…para estar calientes aunque sea removiendo piedras.

Resguardados en la cueva

La noche se porta mejor que la tarde, y poco a poco, incluso el aire afloja y las estrellas, con cuenta gotas, pero van apareciendo entre los jirones de niebla que se empeñan en dejarnos un manto húmedo a modo de sudario.

Todos, poco a poco, vamos cayendo en un sueño que dará paso a la noche cerrada…hasta que de la misma manera, todos, en un momento u otro de la noche, nos despertamos por extrañar el sitio y el saco, quedándonos maravillados y sorprendidos cuando al abrir los ojos nos sorprende una noche infinita en estrellas . La niebla ha debido deshacerse a media noche, y el cielo sobre nosotros ha desplegado todo su arsenal de magia, redondeado por una Via Láctea que nos hace soñar con leyendas mitológicas, y nos hace recapacitar sobre nuestro lugar y función en el cosmos.

A los pies, varios pueblos entre los que se distinguen bien Tella y Laspuña, y en Francia uno más grande que alguien identifica por la mañana como Saint Gaudens. Algunos más que no sabemos muy bien.

La noche trascurre entre cielos estrellados y momentos de nubes que nos envuelven privándonos momentáneamente de cualquier luz o signo de vida.

Estrellas fugaces, aviones, satélites…pero del cometa ni rastro…o al menos nadie vimos a simple vista nada, cuando al amanecer, las primeras luces, en principio una tenue luminosidad sobre el pico Bachimala, que poco a poco va ampliándose hacia el cénit celeste hasta que tras dicho pico asoma un sol que nos permitirá ir saliendo de los sacos con mayor confort del que teníamos horas antes para meternos en ellos.

Después las cimas que se van alumbrando, en riguroso orden de altura…nuestra sombra, o la de “nuestro” Suelza mejor dicho, que se alarga hasta donde ni alcanzamos a verla…luego se acerca por Cancías, después Sestrales, Castillo mayor, el portillo Tella…y finalmente queda relegada al valle de Bielsa, mientras desayunamos algo caliente que nos ayuda, como si fuéramos animales de sangre fría, a coger la temperatura necesaria que nos permitirá recoger todo el material, que hemos puesto al incipiente sol para aprovechar los rayos y poder secar un poco lo que la humedad de la noche y de la niebla intermitente han dejado mojado como si hubiera llovido.

Tras hacer las mochilas, comenzamos un descenso que nos alegra realizar viendo las amenazantes nubes que el valle de Pineta empieza a recoger como una cascada que cae desde las Treserols.

Bajamos sin prisa, pero sin muchas paradas, pues algo nos dice que la atmósfera está esperando nuestra llegada al coche para desatar lo que el día de antes, a pesar de anunciar algo de lluvia no ha dejado caer.

Al llegar a las vacas, vemos que también ellas tienen un comportamiento extraño, entre dócil y nervioso…y los truenos entonan la sintonía final de la travesía al mismo tiempo que la furgoneta aparece donde perdemos de vista la pista.

Poner las mochilas y meternos dentro es todo a un tiempo que empezar a descargar una lluvia potente y rabiosa que pronto intercala piedra en su contenido, y que hace de la pista un auténtico río en escasos minutos. Pero ya estamos a salvo, dentro de la furgoneta, secos…y con el ganador del concurso decidido.

Esta vez, el nivel fue tan sobresaliente, que ha sido difícil. Todas tenían un mérito enorme, bien por su producto “de cercanía”, su presentación, su elaboración, su sabor, su maridaje. Incluso por su nombre.  Quizás las más votadas fueron las de Laura Juste y la pareja Sandra-Dani.

Voy a dar mi opinión particular de todas ellas.

La de Rafa, de mucho mérito, al subir los huevos enteros y currarse unos huevos fritos en altura, con su acompañamiento.

De Quique, mucho cariño en una empanadas con producto casero, y el detalle de hornearlas en lugar de freirlas para soportar el viaje y tiempo mejor.

De Manolé, un toque fresco con sus endivias con queso.

De Oscar, que soy yo, pues que voy a decir, que puse mucho cariño con mi chorizo de matacía propia, pimientos fritos en aceite de conserva y paté casero. Pero era más cantidad que delicadeza, lo admito. Lo siento por una persona vegetariana…sólo pudo comer pimientos fritos. Soy demasiado carnívoro para pensar en verde.

De Dani y Sandra, como siempre, curradas, necesidad de subir peso para hacerla, incluido hornillo. Suave al ajoarriero y el punto del huevo frito de codorniz sobre él…que decir.

Carlos, muy currada, elaboración in situ de una tapa con siete ingredientes…y todos con su toque de denominación y origen.

De Jorge y Ana, pues quizás la que más sorprendió con su hamburgesa de Avena…y más cosas, que nadie había probado antes, pero que a todos asombró gratamente.

Por último Laura, con una especie de ensaladilla y gamba, de muy fácil comer y atractiva a la vista.

Los vinos, un blanco navarro de Sauvignon Blanc, delicia de los sentidos. Rosado Syrah, la vida en forma de vino…y tintos del Somontano y Borja, el sabor de punta Suelza en estado puro.

En resumidas cuentas, un éxito, la excursión, las tapas, la compañía y el tiempo respetando hasta el mismo final.

El año que viene, toca Ibón. Ya sabéis, un años cima, otro ibón….buscaremos la mejor opción para poder pasarlo al menos igual de bien, no lo dudéis

Óscar Ballarín

Fotos de Laura Juste

Idem, de Kike Fernández

Idem, de Óscar Ballarín