Tras varios aplazamientos, al final “me llegó la hora”… de organizar algo para el club y sus socios, por tierras de la Comunidad Valenciana.

Para comenzar esta aventura levantina hemos combinado la alta montaña valenciana del macizo del Penyagolosa (1813 m) con la montaña costera de la Sierra de Irta. Ambos en la provincia de Castellón. Y ambos considerados Parque Natural.

Hemos sido 18 participantes, socios del CAS, Nabain y algún invitado valenciano, que vamos  llegando en la tarde-noche del viernes al albergue rural La Masía Roncales, con un encanto acorde con el entorno del Parque Natural del Penyagolosa, cuyo nombre deriva de “Peña Colosal”.

Tras la abundante y exquisita cena, nuestra anfitriona Maribel, experta en “mirar el cielo” nos  agasajó con una sesión de “lectura de las estrellas y sus constelaciones”(no sé si llamarle Astrología pues mi conocimiento en estos temas es casi nulo).

El sábado , tras un desayuno repleto de sabrosas sorpresas y una emotiva despedida, nos desplazamos con los coches a Sant Joan de Penyagolosa en una travesía, primero por carretera y luego por pista forestal… “algo más larga” de la planificada. 

Nos esperaban apenas 550 metros de ascensión en unos 4,5 Kms.

Comenzamos la ascensión desde el Santuario de Sant Joan de Penyagolosa, por el barranco de la Pegunta, donde nos encontramos con varios paneles informativos, en una zona conocida como Sendero Botánico. A mitad del barranco nos desviamos unos metros para ver “el rincón” de la Fuente de la Pegunta.

Salimos del bosque cuando ya hemos ascendido más de la mitad de nuestro objetivo. 

Ya perfectamente visible la cima, el sendero sube claro por una loma suave.

Nos detenemosen la “caseta de l’ombría” para tomar un ligero “tenteenpié”, disfrutando de las vistas norte (desde el este al oeste), que nos ofrece un Penyagolosa sin rivales.

Una vez arriba, a pesar de la bruma del horizonte, vemos con bastante nitidez las espectaculares vistas desde su cima: el delta del Ebro (éste apenas), la sierra de Irta (donde estaríamos el día siguiente), desierto de las Palmas (en las proximidades de la ciudad de Castellón y Benicassim), la Sierra Espadán (al frente), la Sierra Calderona (tras la anterior) y multitud de sierras interiores. El Montgó (en cuyos pies se encuentran Dénia y Jávea) no llegamos a divisarlo “por un pelo”.

Con esto nos podemos hacer una idea de la importancia montañera del Penyagolosa.

PEÑAGOLOSA CAS

La cima está complementada con otras dos cimas con unos pocos metros menos de altitud y dos canales de subida entre ellas; una muy técnica y otra algo más accesible. Recorrimos las tres cimas y, como sugerencia y “reto” de nuestra anfitriona del albergue, buscamos y encontramos en una oquedad de la tercera cima una estatuilla de la Dama de Elche, que alguien dejó allí y cuyo significado aún desconozco.

Descendemos por la misma ruta hasta alcanzar el bosque, donde una pista nos llevará (en dirección opuesta a la de ascensión) hasta la masía de la Cambreta, con una edificación en semi ruina, y una charca dedicada claramente para que beban las vacas que hemos divisado desde la cima. Atravesamos la masía hasta encontrarnos con la Font de la Cambreta, un nacimiento de agua protegido por una pequeña “caseta” de piedra. Se trata de un enclave ideal para pararse allí y gozar de la comida que llevamos en las mochilas. En épocas del año con más nivel freático, la cambreta rebosa hacia una canalización aérea de troncos huecos que llena un abrevadero. 

Tras la comida y un poco de relax, continuamos la marcha hasta el punto de partida, no sin antes “tropezar” con un laberinto hecho con piedres en el suelo en forma circular. Allí sacamos a esos niños que llevamos dentro y jugueteamos un rato. 

A continuación procedimos a “cambiar el monte por la playa” y nos dirigimos a Alcossebre por sinuosas carreteras, parándonos en el conocido “Arco Romano de Cabanes”, donde estiramos las piernas e hicimos unas cuantas fotos. 

El lugar de alojamiento elegido ha sido el Camping Ribamar, en plena Sierra de Irta, a 200 metros de las calas. Alojándonos en acogedores bungalows y disfrutándo de una rica y abundante cena, desayuno y comida de despedida, con paellas incluídas.

Antes de desayunar, casi todo el grupo salimos del camping por la puerta trasera para dirigirnos a la costa para ver y fotografiar el amanecer. Lástima, las nubes de la borrasca que acosa estos días a las islas Baleares nos impiden ver la salida del sol, pero la luz sigue siendo hermosa.

Tras el copioso desayuno, nos desplazamos en coches hasta el inicio de la ruta, en el lado opuesto de Alcossebre. Ahorrándonos andar por asfalto, innecesariamente, 4 kms y 50 m de desnivel.

En “empinada cuesta para subir a la ermita”, superamos un desnivel de 250 metros, disfrutando de las vistas del mar y la costa, incluído el Penyagolosa… ¡¡Cómo no!! 

Alcanzada la plataforma de la ermita, podemos divisar un ángulo mucho más ámplio que nos permite ver las cordilleras del interior.

Continuamos la marcha, e inmediatamente podemos divisad las Islas Columbretes (Parque Natural de Reserva Marina), que no perderemos de vista casi durante el resto de la mañana.

 Cresteando suavemente por tramos de bosque alcanzamos la cota más elevada de nuestra ruta, la Torre Ebri, a 500 msnm.

Esta torre formaba parte de una red de vigilancia de la costa que se comunicaban, a través de señales luminosas, de los posibles peligros o amenazas de invasiones marinas. Tiene acceso a la terraza superior a través de una ferrata donde subimos Juan Félix (que nos animó con su ejemplo) Marta y yo. Desde lo alto, la vista de Peñíscola era perfecta.

Tras un ligero almuerzo comenzamos un descenso continuado hasta la costa, donde por consenso, decidimos terminar allí con la excursión, disfrutando un rato del sol y el agua donde todos metimos los pies y cuatro valientes (dos chicos y dos chicas) nadaron un buen rato, ya que el agua no estaba demasiado fría y el ambiente era hasta caluroso.

Con el tiempo bien medido y bien aprovechado, fuimos al camping a tomar una cerveza antes de comer y a los conductores nos acercaron a traer los coches que dejamos en el inicio de la ruta. 

Todos puntuales disfrutamos de la comida… mejor mirad las fotos.

Y llegó la despedida, con gran emoción… y alegría de haber disfrutado de sol, montaña, mar, buena comida, acogedor alojamiento… y mucha, mucha camaradería y cariño.

 

Con estos precedentes estaré encantado de compartir con vosotros, en grupo o en “petit comité”, más rutas y lugares de las Tierras Valencianas.

Un abrazo para mis gentes del Sobrarbe

Chevi… el valenciano.

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