No hay nada mejor que repetir una experiencia después de dos años, y comprobar que todo sigue intacto. La ilusión, los nervios, la responsabilidad por que todo salga bien… y sobre todo el cariño de la gente. Porque este fin de semana es mucho más que una salida de montaña. Los que habéis estado, lo sabéis bien. Son dos días para nosotros. Para disfrutar. De la compañía, de los paisajes, de la gastronomía… cargar pilas, y este año más que nunca. Ahora me pregunto, ¿cómo voy a hacer una crónica, hablar de tiempos y recorridos, si no he mirado para nada el reloj? Sólo me he dejado llevar. Me he dedicado a andar, charlar, reír.. sin prisa y saboreando cada momento. 

Pero esto debería ser una crónica montañera, así que lo voy a intentar:

 

“Este año hemos sido 33 los compañeros de los clubes CAS-Nabaín que nos hemos reunido para dejarnos sorprender por los paisajes del valle de la Sakana. Casi todos vienen de Zaragoza o Sobrarbe, pero también hay dos que vienen desde Barcelona, dos Valencianos, y tres Asturianos. 

El centro de operaciones lo montamos en Arbizu, un pequeño y coqueto pueblo del valle, pero con mucha vida. Desde nuestra habitación del Hotel Izar Ondo, donde nos acogen como en casa, se ve desafiante la proa del monte San Donato, nuestro objetivo de mañana. A algunos nos recuerda a la Peña Montañesa, a otros a Oroel.. y es que la atracción que genera en nosotros, nos es familiar.

Después de desayunar, la mayor parte del grupo arranca con los coches hacia Huarte-Arakil, punto desde donde empieza la ruta fuerte del día. Si bien es cierto, que al haber gente de tantas condiciones, se propone una subida alternativa por la cara sur. Es igualmente dura, pero con algo menos de desnivel. Hacia Unanu nos dirigimos pues, 4 compañeras que nos lo queremos tomar con más calma, y Jose Mari.

Los de Huarte salen a las 9h, puntuales, hacia el puerto. Por un precioso hayedo, que asciende sin tregua, ganan con facilidad los casi 900 metros de desnivel que se acumulan en los 3 primeros kilómetros del día. Kike marca un ritmo constante, y, a pesar de los resbalones por la humedad del entorno, todo el grupo sube en poco más de dos horas hasta la gran altiplanicie. Una vez aquí, se dedican a disfrutar de las vistas, y de ir poco a poco acercándose a la cima, y a la ermita de San Donato, donde está previsto almorzar.

Mientras tanto, el grupo de los 5, con la intención de ascender en coche el máximo desnivel posible, nos internamos por una pista estrecha, húmeda y embarrada. Cuando nos queremos dar cuenta, encontramos un coche parado, con una pareja estresada, diciendo que de ahí sólo se sale marcha atrás, que hacia delante está imposible. Llevan un rato patinando con el coche y entre todos decidimos que es la única opción. Poco a poco y con paciencia, vamos retrocediendo por donde hemos venido. Oye pero nos organizamos tan bien que parece que lo llevemos haciendo toda la vida! Algún momento de tensión, pero nada que no pueda solucionarse con dos acelerones bien dados, y las indicaciones de Minerva. Todo va estupendamente. Hemos liberado tres de los cuatro coches con bastante facilidad. Pero el primero se impacienta, avanza y se queda con las dos ruedas derechas en volandas sobre una acequia. Por más que quisimos, no pudimos hacer nada para ayudarles, así que se quedaron esperando a la grúa. Su excursión acababa ahí, pero la nuestra estaba todavía por empezar. La cara sur de San Donato nos miraba desafiante.

Pasado el susto inicial, y ya con cachondeo, aparcamos en Unanu, en el centro del pueblo, y en una zona bien cementada. Por fin podemos empezar a andar. Perfecto, oye y qué hora es?? las 10:30h, cómo??? Así que comenzamos la ascensión, con bastante retraso, por el hayedo de la ladera sur. Cuando hemos ganado unos 500 metros de desnivel, el hayedo desaparece y en su lugar, nos encontramos un canchal pedregoso y empinado. Jose Mari decide que ya ha tenido demasiadas emociones por hoy, y después de almorzar un poco, nosotras seguimos hacia la cima, y él, retrocede hacia los coches.

La idea era encontrarnos y almorzar todos juntos en la cima. Pero, como es previsible, no fue así. El grupo mayoritario almorzó tranquilamente en la ermita. Disfrutando de las vistas, las nieblas y los manjares. Las sureñas seguimos subiendo, y en algo más de dos horas y media estábamos en el altiplano de la sierra de Andía. Poco después, nos encontramos los dos grupos. Les amenizamos con nuestras aventuras,  a cambio nos dan el poco vino que les ha quedado, y cada grupo sigue con su plan previsto.

La mayoría acaba de recorrer la explanada verde que hace las veces de cima, y empieza la bajada por la cara sur, hacia Unanu. Es una bajada peligrosa porque hay bastante piedra suelta, y tiene mucha pendiente. Despacito van bajando, todos con gran habilidad, hasta llegar al pueblo. Una vez allí, toman una senda que rodea la base de San Donato, hasta llegar de nuevo a Huarte Arakil. Han disfrutado de esta maravillosa mole de roca caliza desde todos sus ángulos.

Como les ha parecido preciosa la subida por la cara norte, nos convencen y decidimos bajar por allí. La suerte es que el día ha sido soleado, caluroso, y el barro a estas horas ya no resbala. Aun así, bajamos con mucha calma y cuidado hasta llegar al pueblo. 

A pesar de todos los imprevistos, llegamos a los coches con 15 minutos de diferencia. Si lo prevemos así, no nos sale tan bien. Los que han hecho la ruta completa han disfrutado de 18 km y 1.200 metros de desnivel. Las de la alternativa hemos hecho unos 12 km y 900 metros en ascenso.

Como a estas salidas se anima a venir gente con ilusión, y nosotros estamos encantados de que cada uno aporte aquello que quiera o pueda, hacer mención especial a las explicaciones geológicas de Kike y los estiramientos guiados por Teresa. Pero sobre todo, al recibimiento que nos hicieron nuestros asturianos. No os podéis imaginar lo que es llegar, después de un día de calor, de una ruta larga, cansados, sudados… y encontrarte a Jose Ramón escanciando su sidra casera, con mucha maña y una gran sonrisa. Pelos de punta, no digo más.

El domingo nos lo tomamos con calma. Subimos al puerto de Lizarraga acompañados por una densa niebla, que poco a poco va desapareciendo, según vamos ganando altura. La suerte ha estado de nuestra parte este año, y volvemos a disfrutar de una jornada soleada y agradable. La ruta es un sencillo paseo mañanero. Cresteamos por la sierra de Urbasa, disfrutando de un impresionante mar de nubes, y de nuestro imponente San Donato.

Por el camino hacia la ermita de San Adrián, nos dejamos sorprender por todo tipo de formaciones kársticas: dolinas, uvalas y el precioso arco de Portupekoleze.

Volvemos paseando por la pista, todos juntos, hasta la Venta de Lizarraga, donde nos damos un festín de despedida.”

Bueno, pues al final aún he salido airosa… solo daros las gracias a todos los que habéis venido a compartir estos días con nosotros, a todos los que nos habéis escrito diciendo que os habría encantado venir, pero por unos u otros motivos no habéis podido… y sobre todo a Esteban y Marta, que nos habría encantado que nos hubierais podido acompañar.

Con el mar de nubes todavía clavado en la retina, ya estamos empezando a pensar, a dónde os podemos llevar el año que viene…

Sandra y Dani.

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