EL CAS Y EL NABAÍN ASCENDIMOS AL ANETO (3.404 metros) DE FORMA CONJUNTA POR VEZ PRIMERA. SÁBADO 24 DE SEPTIEMBRE.

EL CAS Y EL NABAÍN ASCENDIMOS AL ANETO (3.404 metros) DE FORMA CONJUNTA POR VEZ PRIMERA. SÁBADO 24 DE SEPTIEMBRE.

Foto de grupo en la salida. Josan Juste

El pasado sábado los montañeros del CAS de Aínsa y el Nabaín de Boltaña se citaron ante una de las excursiones con más empaque del año. Techo de los Pirineos, hogar del principal glaciar de la cordillera (que, como el resto, está cerca de la desaparición), templo de granito erguido hace más de 500 millones de años, escenario de gestas alpinísticas y de disputas vecinales… ¿qué no se ha dicho ya sobre el Aneto (3.404 m)?

Buen "refugio-vivac" captado por Esther Núñez en el camino.


4:30 horas, suena el despertador. Después de toda una semana de estudios, trabajos y labores varias, no parece la mejor hora para levantarse, pero la ilusión por una montaña con la que llevábamos meses (y algunos años) soñando ayuda a desperezarnos. Tras la preparación personal y tratando de no olvidar nada de material (especialmente crampones y piolet, obligatorios todo el año), arrancan los motores.

Ya por encima de un Ibón de Coronas, pronto por la mañana. José Luis Pérez.


Los 25 participantes de la expedición partimos al valle vecino del Ésera y, en algo más de una hora, nos plantamos en el conocido como refugio de Pescadores (1.950 metros), punto de partida de la ascensión. La llegada al parking evidencia que no seremos los únicos en la montaña. Hace dos semanas que ha concluido el servicio de transporte en autobús y se ha abierto la pista al público; el efecto llamada es evidente.

Serbal de Cazadores. Juan Félix


Ya con el cielo clareando echamos a andar, primero por el GR-11 y más tarde remontando el valle de Coronas en dirección al norte. No hace frio y la luz empieza a dibujar los roquedos, neveros e ibones sobre un lienzo de alta montaña en el que cualquier amante de la naturaleza querría sumergirse.


Cerca ya del ibón baixo de Coronas, el segundo de los tres lagos de montaña (con el iboné y el alto) por los que pasaremos, el grupo se divide y 6 miembros del grupo viran su brújula hacia el pico Aragüells (3.037 m) e ibón de Cregüeña, mientras que los otros 19 continuamos con el Aneto como destino.

Los ibones de Coronas. Josan Juste.

 

Ibón de Cregüeña desde la cima del Aragüells. Esther Núñez.

 

Cima del Aragüells (3.037 metros) con el Aneto al fondo. Josan Juste.


El ritmo es bueno, pero la subida por la gran morrena hasta la Collada de Coronas, brecha que separa el pico del mismo nombre (3.298 m) y el Abadías (3.279 m), sube el listón del esfuerzo. Con no pocas dificultades y danzando sobre el continuo caos de bloques graníticos llegamos a uno de los puntos clave del recorrido. La vista desde esta singular ventana es impresionante, el glaciar aparece ante nuestros pies y, equipados con los crampones y piolet, seguimos avanzando sobre una nieve de tacto suave y adherente, para unirnos con la frecuentada ruta que viene desde el refugio de la Renclusa -felicidades por sus 100 años, por cierto-.

En el collado de Coronas, ya de bajada. Enrique Navarro.


Ya queda poco, en desnivel y distancia, pero las fuertes pendientes que nos separan de nuestro objetivo obligan a parar cada pocos metros y a sacar lo mejor de cada uno de nosotros. ¡Qué suerte que nos acompañan un par de botas de vino!

El inicio del glaciar poco después collado Coronas. Laura Juste

 

En el glaciar y poco antes de juntar caminos con el del Portillón Superior del Aneto. Mauricio

 

Últimos metros para la cima del Aneto. Laura.


La densidad de montañeros -alpinistas, domingueros o lo que quiera que seamos- por metro cuadrado va creciendo preocupantemente. Y la llegada al emblemático Puente de Mahoma se vuelve difícil de asimilar: muchedumbre, selfis, griterío, selfis, prisas, más selfis (también los nuestros)… La antecima del Aneto nos transporta en un viaje diabólico a la entrada de un parque de atracciones, en el que, por supuesto, hay largas colas que hacer antes de subir a la instalación más preciada.

El paso de Mahoma. Enrique Navarro.


Nos ponemos a la fila, pero el caos que se vive sobre el paso expuesto que nos separa de la cumbre desespera. Gente poco preparada (aunque algunos con caros equipos) ralentiza un cauce que debiera ser bidireccional, o por lo menos alterno. Y ante la falta de una señal que regule el tráfico -hay semáforos menos necesarios en cualquier capital de provincia-, la tensión y la confusión hacen mella.

Atasco en el paso de Mahoma. Enrique


Entre los montañeros del CAS-Nabaín, división de pareceres. Los 6 que llegaron antes consiguen cruzar el paso, hollando la preciada cima. Dos de ellos alargan además su trayecto por la arista cimera hasta la contigua Espalda del Aneto (3.348 m). El resto decidimos dar la vuelta.

Selfie de Mauricio Sabás en la cima.

 

Foto en la cima realizada por Mauricio. Sin Comentarios.

 

José Luis Pérez "Pepelu" uno de los 6 montañeros que lograron llegar a la Cruz del Aneto.

 

Joaquín Lasierra en la cima junto a la Virgen del Pilar. José Luis Pérez.

 

Haciendo cola en el paso de Mahoma desde la cima del Aneto. José Luis Pérez.

 

Cima del Hombro del Aneto con el pico Aneto al fondo. Juan Félix.


Tal vez podríamos haber pasado, metiendo codos y perdiendo un valioso tiempo (ya que las nubes acechaban), pero renunciar fue nuestra particular forma de afrontar este sinsentido. Y lo más doloroso es que ya lo sabíamos, pero la ilusión de tocar el cielo desde la cima más alta de los Pirineos nos hizo olvidar que el Aneto es, hoy por hoy, un objeto de consumo masivo, durante los fines de semana de buen tiempo.

Desde la antecima, divisoria valles de Coronas y Barrancs. Enrique Navarro.


Tal vez nos equivocamos. No todos los días se tiene la oportunidad de contemplar el mundo desde esta atalaya, pero no era la manera en la que habíamos soñado conquistar el Aneto. Con este sabor agridulce, aunque muy contentos del esfuerzo y de nuestras decisiones, emprendemos el descenso. Si la subida había sido dura, la bajada no lo fue menos. 12 horas después, y con más de 1.500 m desnivel en cada pierna, retornamos al punto de partida. Solo queda sentarnos, reposar lo vivido y compartir sensaciones con los compañeros que subieron al Aragüells al frescor de unas cervezas en el bar Maupás en Benasque.

Descendiendo hacia el Ibón Superior de Coronas. Enrique


Cada uno hemos escrito una nueva experiencia de las millones que guarda el Aneto. Y con toda probabilidad, escribiremos alguna más. Como se suele decir, “la montaña no se va a mover de allí”, mientras nuestras ganas de ascender nuestra montaña más alta son todavía mayores.


Jorge Millaruelo Cambra
CAS-NABAÍN