REALIZADA LA TRAVESÍA BALNEARIO PANTICOSA-SAN NICOLÁS DE BUJARUELO, 21 Y 22 DE JULIO 2.012

Foto de grupo en el inicio travesía en el balneario de Panticosa

El día 21 de Julio, a las 7:00 de la mañana salimos 10 montañeros de Aínsa, para recoger a cinco compañeros más en Boltaña. Somos, pues, en total, 15 miembros del CAS y del Nabaín, los que decidimos acometer en dos días la travesía entre el Balneario de Panticosa y Bujaruelo.

Las previsiones del tiempo, en principio, son buenas, pero por los terrenos que nos vamos a mover, y sobre todo, el lugar elegido para pernoctar haciendo vivac, nos hacen ser todo lo precavidos que hay que ser en estos casos, teniendo un “plan B”, guardado en la manga…por si había que hacer cambios sobre la marcha.
 
Aprovechando las ventajas de la recién inaugurada carretera “Yebra – Fiscal”, nos plantamos en el Balneario poco después de las 8:30.
 
Nos calzamos las botas y las grandes mochilas que la ocasión nos exige y poco antes de las 9:00 de la mañana, en dirección este, saliendo junto a la afamada fuente de “San Agustín” iniciamos el ascenso que compartimos en estas primeras subidas con el sendero GR-11, que va hacia los ibones de Brazato.
 
Dejamos pronto atrás los últimos edificios, no dejando de sorprendernos el contraste entre los bellos edificios del antiguo Balneario, y las “modernidades” que la explosión urbanística y económica de años pasados dejó como “regalo” para un sitio de inigualable belleza. En mi opinión, que ocasión perdida para haber simplemente rehabilitado, recuperando el esplendor de los siglos XVIII y XIX para un auténtico balneario al estilo de los mejores de la vieja centroeuropa…sirva como reflexión personal estas líneas.
 
Volviendo al camino, la orientación de éste, unido a las cresta de Labaza, hacen que la subida pueda realizarse casi toda por sombra, dada la tardanza del sol en iluminar estas empinadas y largas laderas de montaña.
Cuando la GR, dirección Brazato, empieza a dejar el bosque atrás, nosotros nos separamos de ella, y por un camino menos marcado, pero siguiendo la tónica de innumerables vueltas y revueltas, nos vamos acercando, siempre en dirección general este, y al final un poco noreste, hacia los pequeños y coquetos ibones de Serrato.
Un poco antes ya hemos almorzado, por lo que son las 11:00 u 11;30 cuando ya superamos los 2.450 mts de altitud a la que se sitúan los dos ibones de Serrato.
 
Desde aquí, buscaremos el paso sobre los ya cercanos ibones de Labaza, para irnos a buscar los collados que unen las cimas de Xuans, Serrato y dientes de Batanes.
 
Este es el punto clave del día de hoy, pues es el collado por donde podremos enlazar esta vertiente de Labaza y Serrato con la vertiente de Bramatuero.
 
Aquí llegamos poco antes de las 13:30, y se decide hacer dos grupos. Uno, más numeroso, que opta por subir al diente de Batanes, cima sencilla que solo exige caminar hasta la primera cima de dichos dientes (el resto de cimas obligan al uso de cuerdas y material de escalada). El otro grupo, de solo tres componentes, se acerca a la vecina cima de Serrato, punta más exigente en su ascensión, y que aconseja grupos pequeños por lo descompuesto del terreno.
 
De esta manera, con un magnífico día, realizamos dos cimas distintas, y comemos todos juntos, entre las 14:30 y 16:30 (siesta de algunos incluida), en uno de los ibones temporales que en este zona de Bramatuero se forman, situado a unos 2.700 mts de altura.
Tras la comida, solo nos queda un “paseo” de una hora más o menos, hasta la cola del ibón superior de Bramatuero, sitio escogida para pernoctar.
 
El sitio es apropiado, con agua cerca, y nos ponemos a construir unos pequeños muros para pasar el vivac bajo las estrellas que la magnífica tarde promete.
La altura, para los noveles, impone: 2.530 mts sobre el mar.
Entre algún baño, la construcción de los vivacs y preparar la cena y demás, se nos va pasando la tarde, hasta que a las 20:15 nos ponemos a cenar.
La niebla pasa desde Francia, desparramándose en una espectacular cascada sobre la vertiente española, que la separa y evapora. Los colores van cambiando y el espectáculo del atardecer es indescriptible. Incluso en algunas ocasiones la niebla se acerca hasta nuestro rincón y se retira al poco rato. Aparecen colores rojizos en el cielo, el ibón parece generar su propio niebla…y todos, cansados pero admirados del entorno nos metemos en los sacos a la vez que las primeras estrellas empiezan a alumbrar la noche pirenaica.
La noche, más o menos larga, según cada uno la vive, ofrece momentos impresionantes, pues parece imposible que quepan tantas estrellas en nuestro firmamento. No nos extraña que desde antiguo el hombre se haya esforzado en buscar explicación a tanta magnificencia.
El amanecer también llega esplendoroso, y a las 7:00 de la mañana el grupo se va desperezando, con no demasiado frío ni humedad, en parte por una fina capa de nubes que a ratos ha tapado el cielo, en parte por la suave brisa que de madrugada ha impedido que el rocío mojara nuestros sacos y mochilas.
Desayunamos “en caliente”, gracias a un hornillo que ya sirvió para los cafés de la “belada” de la noche anterior, y antes de las 8:30 ya estamos ascendiendo hacia el collado Letrero, sitio de paso entre las cuencas del Gállego y Ara, de unión de los términos de Panticosa y Torla, de confluencia de las comarcas de Alto Gallego y Sobrarbe.
Un mundo apartado y olvidado por el que pocas personas transitan, pues la mayoría prefieren el paso de la GR11 por Brazato.
 
Nosotros, desde el collado, bajamos el delicado camino, que a veces por neveros (hoy intocables por haberse rehelado debido al viento frío de la noche), a veces por enormes bloques de granito, a veces por canales descompuestas, nos lleva al ibón de Batanes.
Magnífico entorno donde aparece la hierba en detrimento de las piedras, y donde el sol nos da la bienvenida desde detrás del omnipresente “Vignemale”, señor de la parte francesa del Pirineo.
 
Desde el ibón de Batanes, nos queda recorrer hacia el sur, acompañando al incipiente río Ara, todo el valle homónimo.
La cuenca del alto Ara, hasta san Nicolás de Bujaruelo, será nuestra compañera en lo que queda de jornada.
El valle se supera en cada recodo, la variedad es abrumadora, los barrancos impresionantes. La piedra cede a los pastos, y estos a los bosques…el día va pasando y no perdonamos almuerzo ni comida.
Con la comida ya nos hemos situado en la cabaña de Ordiso, por lo que se puede decir, que tras la comida, un paseo más largo que complicado nos deja en una hora más o menos en San Nicolás.
 
El paso sobre el viejo puente marca el final de una travesía exigente, pero ciertamente para guardar en el recuerdo por muchos años.
Son las 16:00 cuando llegamos a Bujaruelo, cansados y satisfechos, con ganas de refrescarnos los pies en el río Ara, que ahora conocemos tan bien, y del que se puede decir, hoy hemos hecho un poco más amigo nuestro.
En dos días unos 30 km de distancia y 1.700 mts de ascenso (contando el pico del primer día), y casi 1.900 mts en descenso.
 
No quiero despedir esta crónica sin un recuerdo muy especial a los “benjamines” de la excursión, los hermanos Cilia e Iñigo Sierra Guerrero. Su esfuerzo y fortaleza fueron dignos de admiración por parte de todos los integrantes de la travesía. No solo estuvieron siempre en cabeza de la misma, sino que por su simpatía y entereza para realizar una travesía y vivac de estas características, puede calificarse de “hazaña” para tan prometedores jóvenes montañeros.
 
Oscar Ballarín
 
Enlace a todas las fotos realizadas por Oscar:
 
 
Idem, a las de Saúl Lozano Ferrer:
 

Los hermanos Iñigo y Cilia tirando del grupo el sábado por la tarde

Varios lagos en la travesía

La hora de la cena del sábado

Preparando la noche

A dormir toca

Amanecer del domingo

Recogiendo sacos y resto de enseres el domingo a la mañana

Pasando por neveros en la ruta del domingo

Bajando a uno de los numerosos lagos de la travesía

Descendiendo por el valle del nacimiento del río Ara

Cerca de Bujaruelo terminando la travesía