SE REALIZÓ LA TRAVESÍA POR LOS IBONES DE CHISTAU. SÁBADO 16 DE SEPTIEMBRE

Foto de grupo de los 17 participantes en esta travesía en el refugio de Viadós

Es imposible que este sitio no esté lleno de follez (duendes). Aquí hay magia. Las siluetas apenas perceptibles de los abetos del bosque de Sahún insinúan desde las furgonetas con las que ascendemos desde Plan al puerto. Seguro que a sus pies están despertando los follez. En los vehículos viajamos 17 montañeras y montañeros de los clubes CAS y Nabaín, de L’Aínsa y Boltaña.

Hemos partido a las 5.50h de nuestros pueblos. A las 6.35h, de Plan. Una tímida luna y el alba que se despereza dibujan los misterios vegetales. El cielo se va mostrando y parece que, al menos por el momento, se cumplirán las previsiones de ventanas de sol hasta primera hora de la tarde, en que puede cubrirse e incluso llover. Nos importa bien poco si llueve, no nos impedirá disfrutar de la hermosura que nos aguarda. Finalmente, la meteorología se sumó a la fiesta y fue un día de tiempo perfecto.
Pasamos el puerto. Ya estamos en Bal de Benás (Benasque), en la cuenca del Ésera. Descendemos hasta Es Prats (a algo más de 1.800 metros de altitud) por una pista reservada sólo a vehículos autorizados. Allí nos recibe un precioso chorro del barranco de Surri. Paramos junto a un panel informativo de la zona y unos indicadores que marcan el camino hacia los ibones de Barbarisa, nuestro primer objetivo. A las 7.50h iniciamos la marcha por la senda que pronto se empina y discurre por la margen izquierda del Surri. Media hora después el barranco nos regala unas pequeñas cascadas en forma de peineta. Son preciosas. Vadeamos el torrente y pasamos a su margen derecha. Unas nubes tenues ocultan el sol, que se cuela hacia el sur, tiñendo de naranja las laderas del puerto de Sahún, los picos de las horas, la silueta del Turbón, que asoma muy al fondo. Una belleza transportada también a lomos de decenas de buitres que se dirigen hacia el valle.
Remontando las peinetas aparecen ya las primeras piedras, los primeros cantales y leners (esas enormes piedras redondeadas, apostadas en las laderas pirenaicas y surcadas por regueros de agua y de hielo) que ya no nos abandonarán hasta el final de la excursión. Poco antes de las 9:00h llegamos al ibón Chicot de Barbarisa. Me esfuerzo por detectar las primeras fadas d’os ibons, esos seres mitológicos que encantan con sus melodías a los habitantes del Pirineo. Deben estar dormidas aún. Las que están bien despiertas son las truchetas que con sus saltos en busca de insectos invisibles llenan de ondas la superficie quieta y azul del Barbarisa Gran, al que llegamos quince minutos después, tras remontar un buen repecho. Parada para un primer avituallamiento ligero a 2.300 metros de altitud.
El Barbarisa es como la cuna de todos los azules. Lo miras en esas primeras horas del día y te hace un resumen enigmático de las maravillas que nos aguardan en el recorrido por este collar de lapislázuli que forman los ibones apostados en torno al áspero cuello del macizo de Bagüeñola (Eriste). Alberto, junto a su mujer Lourdes, ha preparado esta impresionante marcha a caballo entre Benás y Chistau, compendio de toda la rudeza y la hermosura de nuestras montañas. Alberto y Lourdes viven en Plan y conocen al dedillo la zona. Por eso han sabido planear un periplo fantástico por algunas de las lágrimas que Pyrene derramó antes de morir en estos montes adustos y mágicos. Bueno, por eso y porque son expertos montañeros, además de excelentes personas, buena gente que te transmite cariño y afabilidad desde su primera mirada-sonrisa. Con estos y con el resto de compañeros que componen la expedición, que no les van a la zaga en simpatía, da gusto andar por la montaña.
Remontamos una empinada ladera por la izquierda, ya sin senda, mirando hacia el pico Barbarisa (2.698 mts). Llegamos a la collada del Sen o de Barbarisa, otro punto divisorio de cuencas desde donde se divisa el majestuoso Ibón del Sen. Ahora giramos la ruta hacia la derecha, por debajo de tremendas paredes rocosas, guardadas por tres nerviosos sarrios que corretean a sus pies. El trayecto se empina y los sillares que jalonan el camino lo hacen todavía más dificultoso. La marcha se hace exigente y Javier, el veterano del grupo, se rezaga un poco, pero siempre manteniendo su ritmo más tranquilo y, eso sí, seguro. Nos da a todos una gran lección de entereza y temple en una dura jornada montañera.
La cuesta, las piedras, siguen y siguen. El collado que buscamos parece no llegar nunca. Pero al fin, ahí está. Giramos un poco hacia la izquierda para llegar al Ibón Chelau (2.790 mts), el de la margen de Barbarisa. Ahora no está chelau. Está incrustado en una enorme olla de paredes y cantales donde resuena un eco sobrecogedor. ¿Serán las fadas d’os ibons?
Son en torno a las 11:00h. Paramos a almorzar. José Ramón, amante de las montañas, incansable organizador de marchas para disfrutarlas, inmejorable compañero de andadas, bromea sobre los muchos calificativos usados en el país para resaltar virtudes, defectos o cualidades humanas (alicate, estalentau, pocasustancia…). Mientras, Esteban y Enrique nos muestran porqué son himalayistas. Dejan sus mochilas en el ibón y cuando terminamos el almuerzo ellos están ya en la cima del Bagüeñola (Eriste o Grist) sur. No podían resistirse a hollar un tresmil que se asomaba tan cercano. Impresionante.
El resto del grupo remontamos hacia la Porteta del Infierno (2.830 mts), una angosta grieta entre rocas con forma de cuernos. La verdad es que acojona con ese aspecto y con ese nombre. Al llegar a ella y ver su otra margen, la que da hacia Chistau, impresiona todavía un poco más y justifica su denominación porque el descenso que se ofrece es arriesgado y un punto peligroso. Lo hacemos de uno en uno para evitar las caídas de piedras. Tras una bajada vertiginosa, llegamos al otro ibón Chelau, al de la zona de Leners, al de Chistau.
Seguimos adelante por el mar de cantales y pedrizas que más de uno medimos también con el culo. A los pesos pesados como quien suscribe hay ciertos pedruscos que no le aguantan y llegan los peligrosos deslizamientos. Afortunadamente, nada serio. Nos asomamos al impresionante ibón de Leners, cuyo nombre ya podéis deducir de dónde proviene. Se aparece majestuoso el macizo de Llardana (Posets), con esos pliegues rugosos que son todo un tratado sobre la grandiosidad, el embeleso y la fiereza de este rincón del Pirineo.
Es ya pasado mediodía. Damos un rodeo a Leners para visitar los ibones más recónditos y recoletos de la marcha. Primero descendemos hacia el Ibón Escondiu, cuyo nombre lo dice todo. Luego nos reflejamos en el ibón Azul. Bueno, nosotros y las montañas. La más elegante asoma por una ventana abierta en las rocas que forman la cubeta del ibón Azul. Es el Bachimala. Es el pico. Una pirámide perfecta, majestuosa, quieta, solitaria y señorial. Es una imagen cautivadora, el ibón presidido por semejante señor de la montaña.
Al poco nos asomamos a otros dos lagos que parecen irreales de lo bonitos que son. Uno es el de la Solana, que por tener tiene hasta islotes y una forma alargada, irregular, que lo convierte en único. Más abajo se divisa el ibón de Pixón. Ese lo tiene todo: roquedales, leners, cantales, pradería, pinos y un profundo azul. Es una terraza maravillosa que asoma al valle verde de Chistau.
Continuamos el rodeo para volver hacia el ibón de Leners (2.500 mts). Entretanto, los himalayistas ya se han reunido con el grupo. Su ‘indisciplina’ al desligarse por un rato de la serpiente multicolor que constituimos los expedicionarios sobrarbenses, no sólo no merece reprimenda ninguna, sino que son recibidos con muestras de admiración. Yo les pido en silencio que me trasplanten un poco de energía para afrontar el enésimo repecho de piedra que nos conduce hasta Leners.
 Al fin llegamos al lago. Son las 14.00h y toca comer. Algunos, además de comer, nos atrevemos con un baño en este ibón de ensueño, incluida Chus, la estupenda presidenta del CAS, que sumerge su cuerpo, su simpatía y su energía vital en las aguas insinuantes. Una demostración de lo que quieren ser nuestros clubes: armonía y disfrute con la naturaleza que se nos brinda. Yo oigo las fadas, me susurran mientras se me encoge la pichina hasta límites insospechados, así que salgo zumbando a la orilla antes de quedarme tieso, espiritualmente me refiero, bueno, y tieso en todas la partes del cuerpo menos en una.
El baño y la colación ejercen efectos reparadores, mientras miramos el rostro adusto del Eriste. Apenas asoman un par de manchas de nieve. Hay sequía y los ibones están bajo mínimos de nivel. Como Millars (2.350 mts), que visitamos hacia las 15:00h. Pese a todo, sigue siendo un lago precioso.
Desde allí iniciamos el descenso hacia Biadós (1.740 mts), donde nos reunimos hacia las 16.50h. Cansados pero enormemente satisfechos, disfrutamos de una bien ganada cerveza o un refresco, también merecido. Y para rematar la sensacional jornada, tertulia cervecero-refrescante con chistes incluidos en la terraza de Ruché, ya en Plan, adonde nos han traído las furgonetas desde Biadós. Un momento de asueto y risas para culminar la extraordinaria jornada montañera de nueve horas de duración, con tiempo real caminado de unas siete horas. No está mal.   

 
José Joaquín Berdún
 
Fotos de Javier Carnicer. Indica Javier que si alguien quiere alguna foto con mayor resolución que se la pida y se la enviará por correo electrónico:
 
 
Fotos de Chus Puyuelo:
 
Ibón Chelau del Este
Ibón Chelau del Oeste
Ibón de Leners
Ibón de Millaris
Ibón del Sein
Ibón grande de Barbarisa
Ibón pequeño de Barbarisa
Pixón
Luceros y Solana
Solana
Puerteta del Infierno